Historia del sable femenino español
La experiencia en el deporte, como en todo, es un grado. El sable femenino lo sabe muy bien: la disciplina, a la que durante décadas y décadas se le ha negado este elemento clave, la práctica, ha logrado en poco más de 20 años el nivel y el reconocimiento que poseen el resto de las armas. ¿Qué apasionado o apasionada de la esgrima no disfruta con el ritmo de piernas de la número uno del mundo, Olga Kharlan, o con el dominio del tiempo de Sofya Velikaya o con el desparpajo de la jovencísima Liza Pustzai? El trabajo de estas tiradoras deja atrás los prejuicios por los que el sable se había alejado de las manos de las mujeres, los supera, los niega. No era falta de fuerza ni de talento, sino de tiempo sobre las pistas, y por fin han conseguido tenerlo.
Ampliando el foco en España, el arma ha crecido a la par que cuatro carreras, cuatro niñas que comenzaron siguiendo los pasos de las primeras sablistas sin saber que ellas mismas llevarían al sable a la élite. Lucía Martín-Portugués, Sandra Marcos, Laia Vila y Araceli Navarro participaron durante más de ocho temporadas en prácticamente todo el circuito internacional para lograr clasificar por primera vez al equipo a unos Juegos Olímpicos o, al menos, volver a tener representación individual.
Este gran objetivo no llegó ni en Londres, ni en Río de Janeiro y tampoco llegará en Tokio. Y ahora son otras pequeñas las que crecen mirando, cada vez más cerca, a las veteranas del arma. El clima de cambio que se palpaba en 2004 se nota de nuevo, aunque parece que esta vez el recambio será más paulatino que entonces: la renovación del cuarteto no se hará en un año porque, de hecho, lleva tiempo gestándose. En la temporada 2016/2017, metieron la cabeza en el equipo Sara Estrada y Celia Pérez; la primera salió tan rápido como había entrado, mientras que la segunda se hizo fija en las citas internacionales aprovechando que Araceli había salido momentáneamente del conjunto tras no conseguir la plaza olímpica en Praga. Sin embargo, Navarro volvió en 2018 más fuerte, conquistando el oro en el Campeonato de España – uno más en su cuenta, que no ha dejado de aumentar desde que empezó- y escalando de nuevo a los primeros 50 puestos del ranking mundial. A ella, la indiscutible, la leyenda, la mujer de récord, aún le quedaba mucha esgrima por dar.
Fuente: elaboración propia a partir de los resultados de Campeonatos celebrados entre el 2000 y el 2020
Aunque disputarle la posición a Araceli era prácticamente imposible, Celia no tuvo que esperar mucho para encontrar un nuevo hueco por el que colarse. A la vez que sus resultados individuales comenzaban a mejorar, Sandra Marcos empezaba a salir de la escena internacional. El mismo año en el que conseguía su primer título de campeona nacional senior, Pérez reaparecía en la Copa del Mundo de Túnez para, en esta ocasión, no volver a salir de la convocatoria.
Otro de los grandes nombres, Laia Vila, caía poco después, esta vez de forma menos orgánica. El ligamento cruzado y el menisco de la pierna derecha de la catalana se rompieron en 2019, justo en medio del periodo de clasificación para Tokio 2020. El proceso de recuperación se unió al parón causado por la pandemia, alargando la espera y la incertidumbre de no saber cuándo volvería a competir. A principios de 2021 las dudas se resolvieron: Laia anunciaba en sus redes sociales que abandonaba su carrera deportiva definitivamente. Su lugar, ocupado primero por Sandra Marcos, lo ganó una tiradora aún más joven que Celia Pérez. Elena Hernández, con 21 años y buenos resultados junior a sus espaldas, debutaba como cuarta del equipo en la Copa del Mundo de Atenas, la última competición antes de que la crisis sanitaria lo parara todo y confiaron en ella de nuevo en Budapest, cuando la situación permitió continuar con la esgrima.
Por ahora, y aunque mira de reojo el avance espectacular de la tiradora del CEOYM María Ventura, ella cierra la selección absoluta de sable femenino actual, el arma española mejor clasificada del circuito internacional, décimo primera del mundo. Un listón muy alto a batir por las que vienen por detrás y que llegan con fuerza, al menos dentro de España. Aquí, aunque las mayores mantienen su hegemonía, las menores de 20 y de 17 años comienzan a subir posiciones: de las 20 primeras del ranking senior en 2020, 11 son de las categorías inferiores, incluidas las cuatro sablistas del equipo nacional junior que más pronto que tarde buscarán disputar las plazas del primer equipo.
Rafael López, entrenador del CEM, tiene muy claro que, con ellas, el relevo está garantizado. “Creo que si pusiéramos a las tiradoras del equipo nacional actual con la edad de las junior actuales, ganarían las pequeñas de ahora”, asevera, aunque cree que a esta nueva remesa le falta aún la madurez que da estar más de una década dedicadas a la alta competición. Para que la alcancen, señala, hay que incentivar que se mantengan, que vean posibilidades de alcanzar grandes resultados y que puedan compaginar sus estudios superiores con su carrera deportiva para evitar que desaparezcan al llegar a su etapa absoluta. Será el tiempo, ese elemento clave que ganó la primera generación de sablistas y que ha aprovechado la segunda, quien diga si las que vienen son capaces de defender todo lo conseguido hasta ahora.
Más allá del relevo generacional y de los objetivos deportivos, el arma se enfrenta a grandes desafíos fuera de las pistas. El primero es un problema compartido con el resto de los deportes minoritarios, un fantasma recurrente que amenaza cualquier intento de proyecto a largo plazo: los medios económicos. El tijeretazo presupuestario que sufrió el deporte tras la crisis de 2008 y posteriores reducciones en las ayudas públicas han lastrado la economía de muchas federaciones, incluida la de la de esgrima. Según la última memoria de ingresos publicada por la Real Federación Española de Esgrima, perteneciente al ejercicio 2017, durante ese año se redujeron los ingresos provenientes del sector público (subvenciones oficiales y de la Asociación de Deportes Olímpicos) en casi 65.000 euros, un 6,58% menos que en 2016.
Con menos dinero para las deportistas, los logros deportivos pesan más para elegir dónde invertirlo. Esto genera un círculo vicioso: los resultados no llegan porque no hay una apuesta económica mantenida en el tiempo y no se da dinero porque no se alcanzan los resultados. Ante esta situación, la opción más segura es el apoyo de otras entidades, bien a través de becas – como la Podium de Telefónica o la ADO, más exclusiva, que actualmente apoya a Araceli Navarro, Celia Pérez y Lucía Martín-Portugués – o a través de patrocinios. La dificultad que puede plantear acceder a estas ayudas, junto a la coyuntura económica actual y a no haber conseguido el objetivo olímpico, hace que algunas personas, como Joan Ramón Arcarons, consideren que el sable femenino puede vivir un retroceso en los próximos años. “Se puede hacer que los clubes inviertan más, pero eso no va a pasar, y los padres no van a estar pagando Copas del Mundo indefinidamente”, señala el entrenador catalán. Por su parte, Laia Vila considera que las que comiencen ahora su andadura internacional lo tendrán más difícil que cuando ellas empezaron. “Ahora pagan a los absolutos y poco más. A menos que haga un super proyecto, lo van a tener muy complicado”, afirma. Más optimista es Lucía Martín-Portugués, quien apunta a la aparición maneras alternativas de costearse la carrera deportiva: “cada vez hay más recursos, cada vez hay más patrocinadores con las redes sociales. Creo que lo van a tener más fácil”.
Dejando de lado el plano económico, existen al menos otros dos retos que debe afrontar el sable femenino en el futuro. Por un lado, la falta de personas en la base, fase previa a la competición, y, por otro, la poca presencia de mujeres en otros roles dentro de la esgrima. Respecto al primero, Rafael López, entrenador del CEM, lo resume en “faltan niñas”. Los registros de las competiciones respaldan esta afirmación: el ranking de menores de 15 años – la categoría más joven en el deporte nacional- de sable masculino cuenta con 62 tiradores, mientras que el femenino solo con 34. Respecto al segundo, se puede poner de ejemplo el caso del arbitraje tomando los de la memoria deportiva de 2017, la más actualizada a la que se ha tenido acceso.
Resolver estos problemas es, cuanto menos, complicado. Pero si se puede obtener una conclusión de este paseo por los inicios y la evolución del sable es que los referentes importan, tanto dentro como fuera de las pistas. Conocer a las mujeres que estaban antes y las que están ahora, a las entrenadoras, a las árbitras, a las tiradoras y sus logros no solo promueve que más niñas se interesen por este deporte, sino que también construye la conciencia de que existe un proyecto colectivo que defender y mantener.
Este intento de poner sobre el papel dicha genealogía no puede terminar de otra forma que con las palabras de Vanesa Chichón, una de esas niñas que creció sin apenas ejemplos en los que fijarse para convertirse en uno de ellos. “Es importante que quienes empiezan sepan de dónde vienen para que se sientan parte de la historia y para saber que esa historia, ahora, la tienen que escribir ellas”.
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